Cómo controlar el enfado

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Como controlar  el enfado.

Un primer modo de restar fuerza al enfado consiste en prestar la máxima atención y darnos cuenta de los pensamientos que desencadenan la primera descarga de enojo. El momento de intervención es sumamente importante, porque cuanto antes lo hagamos, mejores resultados obtendremos.

ANTES DE ESTALLAR…CUENTA HASTA DIEZ Y si ya has estallado por primera vez, también cuenta hasta diez para que no haya una segunda vez. Éste es un viejo remedio que sigue funcionando. En primer lugar, cuando sientas que te estás enfadando, haz un alto lo bastante largo como para hacerte tres preguntas:

¿Es esto tan serio como para armar semejante jaleo? -¿Está justificado que me enfade? -¿Mi estallido va a mejorar las cosas? Si la respuesta a todas ellas es sí, y el enfado continúa, expertos como Redford Williams afirman que el desahogo te ayudará a sentirte mejor.

Pero si alguna respuesta es no, tranquilízate. Simplemente cierra los ojos y concéntrate en tu respiración… por lo menos durante 15 minutos. O bien, utiliza cualquier otro método para aplacar el enfado, recuerda que el efecto de la secreción de neurotransmisores perdura durante bastante tiempo en nuestro cuerpo. Esto nos introduce en el tema del “enfriamiento”.miedo a la vida

El poder de la distracción reside en poner fin a la cadena de pensamientos irritantes. Tice descubrió que las distracciones más utilizadas para tratar de calmar el enfado –ver la televisión, ir al cine, leer y actividades similares ponen coto eficazmente a la cadena de pensamientos hostiles que alimentan el enfado. No obstante, como ha explicado Tice, actividades como comer e ir de compras no tienen el mismo efecto, ya que resulta sencillo proseguir con nuestros pensamientos de indignación mientras recorremos los pasillos de un centro comercial o damos buena cuenta de un pastel de chocolate.

Como controlar  el enfado.

La comprensión para desactivar la irritación resulta también muy patente en otro de los experimentos realizados por Zillman, en el que un ayudante especialmente grosero (cómplice del experimentador) se dedicaba a insultar y provocar a los sujetos que en aquel momento realizaban un ejercicio físico.

Cuando se les brindó la posibilidad de desquitarse de su desagradable compañero, dándoles la oportunidad de opinar sobre sus aptitudes para un posible trabajo, actuaron con una mezcla de enojo y complacencia. En cambio, en otra versión del mismo experimento, antes de pedirles esa opinión, una mujer hacía salir al cómplice del lugar con la excusa de que tenía una llamada urgente.

Éste al salir se despedía groseramente de la mujer la cual le excusaba con muy buen humor explicando a los compañeros que “el grosero” estaba sometido a enormes presiones por la inminencia de un importante examen oral. Esta explicación pareció despertar la compasión de los sujetos del experimento quienes al tener la oportunidad de desquitarse, rehusaron hacerlo.

Este tipo de información atemperante parece, pues, permitir la reconsideración del incidente que desencadenó el enfado. Otro ejemplo a este respecto lo podemos encontrar ante el semáforo: «Estás parado en un semáforo en rojo tras otro coche. La luz se pone verde y el conductor que tienes delante no se mueve. Esperas unos segundos, luego tocas el claxon y exclamas: “¿Qué le pasa a este tío? Te sientes molesto y le llamas pelmazo.

Como controlar  el enfado.

¿Pensarías de modo diferente si supieras que acaba de enterarse de que su hijo tiene leucemia y está anonadado?” Seguro que sí. Conocer el contexto arroja una luz diferente sobre la situación. Puede que continúes enfadado porque te está retrasando, pero ya no lo ves de la misma manera. Su conducta empieza a tener sentido para ti: está más atento a su dolor que al semáforo. Ahora ya no es un pelmazo, sino un hombre profundamente angustiado y sientes compasión por él.


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