La emoción de la tristeza

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La emoción de la tristeza

TRISTEZA: La menos seductora de las emociones desagradables. La tristeza es el estado de ánimo del que la gente más quiere despojarse. Según Leslie Greenberg, aparece por el distanciamiento, la separación o la pérdida del vínculo. Incluye el sentimiento de ser dejado de lado o una sensación de no pertenecer.

Aparece también al ser incapaces de comunicar o expresar nuestros verdaderos sentimientos, al sentirnos olvidados y, por supuesto, lamentar la muerte o pérdida de un ser querido. La tristeza también puede ser evocada por desengaños o esperanzas rotas, por el fracaso en alcanzar metas importantes y por la pérdida de la autoestima.

La tristeza nos sume en un período de retiro y de duelo necesario para asimilar nuestra pérdida, un período en el que podemos ponderar su significado, llevar acabo los ajustes psicológicos pertinentes y, al final, establecer nuevos planes que permitan que nuestra vida siga adelante.

Las dos tendencias de acción asociadas con tristeza primaria son: Acercarse a otros en busca de consuelo y auxilio para reducir la aflicción -Retraerse en uno mismo para recuperarse de la pérdida.

Una característica única de la experiencia de tristeza es su pesadez: las personas se sienten sobrecargadas y se mueven torpemente. Según esta orientación, lo único que se puede hacer con la tristeza es enfrentar el dolor.

Permitirlo, aceptarlo, experimentarlo y expresarlo, para sobrevivirlo y llevarlo a su fin. La evitación y la lucha contra el dolor simplemente prolongan el sufrimiento. En general. La tristeza permite aceptar la pérdida, sanar y dirigirse hacia un renovado interés por la vida.

La emoción de la tristeza

Daniel Goleman en su libro “Inteligencia Emocional” menciona un estudio de Diane Tice, psicóloga de la Case Western Reserve University (California), que interrogó a más de cuatrocientas personas sobre las diferentes estrategias que utilizaban para superar los estados de ánimo angustiantes y sobre el grado de éxito que éstas les procuraban.

Tice señala que las estrategias para afrontar la tristeza son muy variadas. Sin embargo, no debería evitarse toda tristeza porque, al igual que ocurre con cualquier otro estado de ánimo, tiene sus facetas positivas.

Pero si bien la tristeza es útil, la depresión, en cambio, no lo es. La mente se ve caóticamente distorsionada y los procesos mentales se ven arrastrados por una marea tóxica y abyecta que impide cualquier respuesta satisfactoria al mundo en que uno vive.

Leslie Greenberg lo expresa de la siguiente manera: “toda esperanza se disipa dejando el residuo de una gris llovizna de congoja que genera una desesperación tan palpable como el dolor físico, un dolor tan insoportable que la única solución posible parece ser el suicidio”.

Por todo ello, es necesario distinguir la tristeza primaria de experiencias más complejas de dolor, como el sentirse herido, la pena y la depresión.


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